Cincuentonas, ¿Mujeres de celofán?

En la brillante película Chicago el pusilánime marido de Renée Zellweger  lloraba tristemente el engaño de su mujer y se definía como Mr. Cellophane, “invisible, inconsecuente, puedes mirar a derecha e izquierda pero no me ves allí”.

La imagen causaba ternura y rechazo al mismo tiempo. Diríamos que es una persona inexistente.

Mucho se está escribiendo últimamente sobre las mujeres de 50 y más años. Reportajes extensos intentan cambiar el paradigma de “mujeres transparentes” por el de “mujeres sabias, dueñas de su vida y decisiones”. ¿Qué ha cambiado para que dejemos de ser las grandes olvidadas en publicidad, medios o sondeos y pasemos a ser foco de atención?

Como refleja un interesante artículo, somos la primera generación que accedimos mayoritariamente a la universidad, que hemos desarrollado, con mejor o peor fortuna, una carrera profesional y por tanto, tenemos libertad y disponemos de recursos económicos para GASTAR. Ahí está el quid de la cuestión.

Un mercado de más de tres millones de mujeres que valoran su presencia física, que sabe que cuidar su salud es fundamental y que divertirse y viajar es una necesidad en su vida plena.

Y las empresas lo saben y están lanzando toda una batería de tratamientos antiaging, cirugía estética, oligoelementos milagrosos que te prometen la juventud eterna.

Tengo mis dudas que las mujeres de las que estoy hablando, caigan en esa trampa.

Mujeres que valoran sus logros, saben que les ha costado mucha “invisibilidad” llegar donde están y que, sí, quieren estar “estupendas”, pero como un medio de sentirse mejor, no como el fin en sí mismo.

Mujeres que han sacado adelante profesión y familia con escasa ayuda de “la otra parte contratante”. Aunque no me gusta generalizar, los hombres de nuestra generación no han entrado en la cocina con el mismo ritmo que nosotras salíamos a los despachos.

Mujeres que han sufrido el abandono de parejas por esa sensación de estar a su misma altura y no a su disposición; y han salido reforzadas y dispuestas a comerse el mundo. O al revés, hartas ya de una vida gris, han salido de su caja de confort, han superado sus miedos y vuelven a ser felices.

En definitiva mujeres que tienen mucha vida por delante y mucha guerra que dar y LO SABEN.

Por tanto, un aviso a navegantes, NO somos un nicho de mercado con capacidad adquisitiva y con ganas de gastar. Somos mucho más. Ya que empezamos a estar de moda, empecemos a reivindicar:

  • Tenemos conocimientos y experiencia. No estamos obsoletas. El mercado laboral debería tenerlo en cuenta. Propongo que en los procesos de selección de personal sea una persona de nuestra edad y no un becario de primer año quien seleccione los currículos. Ya veríais como cambiaria la selección.
  • Tenemos proyectos. Somos emprendedoras. ¿Dónde está el dinero para nuestras propuestas? Estoy harta de oír la palabra jóvenes emprendedores como un valor añadido. Y las mujeres que se reinventan y lanzan ideas novedosas, ¿cómo son acogidas?
  • Tenemos la capacidad, empatía y espíritu de equipo como para ser lideres de grandes compañías, organizaciones e incluso gobiernos. ¿Qué o quién nos está impidiendo llegar?

Poderosas, hermosas, plenas y ¡optimistas! Cincuentonas. Mujeres. La saga continúa.

¡Feliz semana!