Quien encuentra un amigo encuentra un tesoro

A principios del siglo XXI ¿tiene sentido defender la amistad como valor que contribuye a la felicidad del ser humano?

Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco dice que sin amistad nadie querría vivir, que la amistad es un alma que habita en dos cuerpos y un corazón que habita en dos almas.

Una hermosa manera de describir el valor de la amistad, pero nosotros, ¿cómo valoramos la amistad y nuestros amigos?

A veces tenemos nuestras relaciones personales, de familia, de amistad como en una biblioteca.

Cada persona con la que convivimos la catalogamos según creemos que es. Inevitablemente cuando pensamos en ella pensamos en el estante en el que la hemos colocado.

−Ésta en el estante de la que le puedo contar algo, ésta en el estante de mejor no explicarle pues quiero darle una imagen determinada.

−Ésta no me va a ayudar, por lo que mejor no le pido ayuda. Ésta la evito y la pongo en el estante de las contestaciones fuera de lugar

−Ésta, pobrecita, que poco me aporta.

Sin querer vamos emitiendo juicios y catalogando a las personas sin apenas darles la oportunidad de cambiar este juicio.

−Este es un tímido, este es en exceso extrovertido por lo que no le voy a explicar nada por si acaso.

¿No es cierto que, a menudo, exigimos a nuestros amigos que nos aporten todo, que sean perfectos? ¿No es absurdo pedir más a quien deberíamos perdonar más? La vida me ha enseñado que normalmente a las personas que más queremos son a las que más les exigimos y eso no debería ser así. La aceptación incondicional del otro pasa por saber a cada uno lo que le podemos pedir y lo que es imposible que nos dé. Y ahí radica el secreto de la amistad. Si queremos tener los mejores amigos hemos de acostumbrarnos a pedirles sólo lo que pueden dar.

Este sería el desafío de esta semana, vivir con autenticidad la amistad. No necesitas estar pendiente de cómo quedas, de si te aceptan o no.

Saquemos a las personas que queremos y con las que nos relacionamos del estante donde los pusimos y démosle una oportunidad de verlos actuar de otra manera.

Te sorprenderá ver cómo cambia una persona cuando nuestra actitud con ellos cambia.

Decía Goethe:

“Trata a un hombre tal como es y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser”.

Y ya sabéis, los pasos que no te atreves a dar también dejan huella.

¡Feliz semana!

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